lunes, 16 de febrero de 2015

·Empiezo a odiar el café sin azúcar de por las mañanas, odiar esa obligación insaciable de seguir respirando, de mantener el corazón al tanto de todos los acontecimientos, admitiendo que queda poco. Poco para el final. Para el fin de sonrisas, miradas complices, caricias inesperadas, besos con sabor a café mañanero que preparabas antes de que yo despertaba. Odiaba ser tu princesa, me sentia egoista, pero tu disfrutabas y tu sonrisa me hacia feliz. ¿por qué te tuviste que marchar como un pirata? me dejaste amarrada en el mar de las lágrimas.

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